Posteado por: kikoprieto | Octubre 7, 2009

Sobre la sutil diferencia entre intelecto y razón.

 

pensa

Me lanzo a escribir de nuevo sobre un aspecto puramente teórico que he estado gestando en las últimas semanas: hasta qué punto el hombre es un ser racional y no un ser intelectual, y si de alguna manera son sinónimos o no.

Partimos del supuesto argumental de que en efecto razón e intelecto son para la mayoría sinónimos puros. Podemos hablar de una identidad uno a uno. Mi cometido es mostrar que en realidad se tratan de dos conceptos análogos, es decir, no son sinónimos puros sino mixtos: se parecen en algo pero también son diferentes. Será por tanto importante fijarse en esa sutil diferencia.

El intelecto es lo que tiene el hombre, la razón es la herramienta del intelecto. Se puede ser muy racional y muy poco intelectual. La razón atiende a lo concreto y singular frente al intelecto que busca lo universal y general.

El ser humano conoce por ambos caminos. Por la vía racional emergen ciencias como la matemática o la física, fundamentadas en la lógica. Por la vía intelectual llegamos al conocimiento vital y al conocimiento argumental. También están basados en la lógica, pero en este caso de una lógica no procedimental sino esencial, es decir, en una lógica de lo real.

Por la vía racional no podemos llegar a la determinada causa final y eficiente, nos quedamos con la causa material y formal, de tal manera que no ahondamos más en el ser de lo conocido que por medio de los fenómenos, que nos muetran certeramente el noúmeno, en la llamada causa formal; el qué de la cosa.

Por la vía intelectual aprehendemos la cosa. Accedemos a la causa final y eficiente, de tal manera, que sin agotar el ser de lo conocido lo esencializamos en la realidad, es más, lo ubicamos en un “ubi” no físico, sino temático, metafísico.

A modo de conclusión, en el hombre de nuestros días, el hombre fruto de  un rancio racionalismo,  advertimos con mucha frecuencia un uso inequívoco de la razón, olvidandonos de que también existe el intelecto, un intelecto que nos abre al ser de un modo super-racional, es decir, que es más que racional.

 

Francisco Prieto

Posteado por: kikoprieto | Septiembre 21, 2009

Pensar la realidad: un paso acelerado sobre la propia vida feliz.

Escribo este post pensando explícitamente en la índole práctica del quehacer humano.

Me he pasado toda la historia del blog poniendo por escrito la teoría sobre lo que entiendo que debe ser una vida feliz. He sostenido posturas tradicionales en algunos aspectos y otras menos tradicionales o al menos, no políticamente correctas. Muchas veces, nos sabemos esa teoría, pero la pregunta clave es : ¿estamos dispuestos a ponerla en práctica para nosotros?

Muy fácilmente pensamos en lo bueno que serían determinadas ideas para que otros las vivieran, pensamos en los conflictos familiares, en los conflictos del Estado, en las resoluciones educativas, en los problemas de otros en definitiva. Pero raras veces podemos decir que enseñamos aquello que vivimos. Lo digo con cierta experiencia.

Sabemos qué tecla tocar para mover a una persona a la compasión, a la tolerancia e incluso a la reflexión. Pero, ¿somos capaces de hacer lo que decimos?

En el Evangelio aparecen unos personajes llamados fariseos, los cuales son el foco de una durísima crítica por parte de Jesucrísto. “No hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen”. Cotrasta en sobremanera con aquello que decíamos sobre el buen ejemplo, la “buena idea encarnada”.

Pretendemos hacer felices a los demás, ayudarles a “pensar la realidad”, pero a veces somos nosotros los que no pensamos la nuestra.

En educación se ve muy claramente. Recientemente ha salido en la prensa la pretensión de la Comunidad de Madrid de recuperar la llamada autoridad del profesor, mediante un endurecimiento de la ley que elevaría al docente a la catergoría de “autoridad pública”. Aparte de la crítica que se le pueda hacer a la aplicación tardía de dicha perspectiva, hemos de añadir, volviendo sobre lo anterior, una pregunta: ¿acaso el concepto de autoridad no está ligado a un concepto de confianza?, ¿qué autoridad esperamos de aquel que no es propiamente “autor”?

La autoridad se gana no con la ley impuesta o positiva, sino con el ejemplo. Es preferible tener confianza que ser autoridad.

Posteado por: kikoprieto | Agosto 30, 2009

La interpretación ética del respeto por la naturaleza.

El pasaje dice así: Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”.

¿Por qué ahora me dispongo a hablar sobre un tema tan espinoso? ¿Qué tiene que ver la ética con la ecología?

Se afirma de forma injustificada la tesis según la cuál el origen y la causa fundamental del mal uso de los bienes materiales por parte del hombre tiene su raíz en el pasaje anteriormente citado del Génesis. Afirmando que nombrada la supremacía del hombre sobre lo creado, se dá pié, con carta de impunidad, al desenfrenado y desenfocado desarrollo de los recursos de que dispone el planeta.

Esta interpretación ahonda más si la enfocamos sobre la dura crítica a la que se ve sometida la civilización occidental, en el despliegue de un encarecimiento crítico de los denominados bienes fundamentales. Juntemos estas dos ideas, civilización occidental cristiana, y la palabra mágica de nuestros días: crisis; ya tenemos la tesis central de dicha diatriba.

Vayamos al grano. Una cosa que si es clara, es que la creación ha sido dada al hombre, de igual manera, que el hombre ha sido hecho en la creación.

Podemos hacer una inferencia práctica que nos remueva la conciencia a ser lo más honrados que podamos. ¿Cuál es la base en la que se fundamenta la defensa “casi irracional” de la conservación y el uso responsable de los bienes naturales? ¿No es ese criterio, universal para toda persona, el mismo criterio por el cuál se fundamenta una defensa legítima de la conservación  y el uso responsable de los bienes naturales del hombre?

Estoy claramente hablando de respeto a lo que es natural. Lo que convenientemente ha sido llamado ética, es justamente hablando el estudio de aquellas cosas que son buenas o malas en sí mismas para la naturaleza humana. Así la ecología es el estudio de aquellas cosas que son buenas o malas en sí mismas para la naturaleza. En definitiva, de aquellas obras u omisiones, que rompen la armonía, fijada de manera inequívoca en lo natural.

Parece necesario preguntarse sobre el sentido de todo esto. ¿Para qué obrar sólo de forma respetuosa con los bienes naturales, como si estos fueran diferentes al ser natural del hombre?

Entre naturaleza humana y naturaleza “asecas” no hay diferencia. La palabra “naturaleza” expresa la esencia en tanto que principio del obrar. El adjetivo o complemento del nombre “humano” o “del hombre” solo marcan lo específico, marcan la referencia sobre la cuál recae la palabra. Haciendo un alto comprensible en el mero hecho de que la naturaleza humana es la unidad de medida de la naturaleza, ya que solo ella es digna en sentido pleno: la naturaleza se dignifica cuando es dignificada por las acciones humanas.

No voy a cerrar el post con una conclusión. Espero que en los comentarios salgan a relucir los matices y las relaciones que esto pueda tener con la realidad.

 

  1. Certeza:
    • Lo que yo digo: Estado subjetivo de la mente (o psiquismo, alma) ante la veracidad o falsedad de una o alguna afirmación.
    • Lo que algunos entienden: Evidencia procedimental de un silogismo lógico, ya sea deductivo o inductivo, que propone una hipótesis, la contrasta y extrae conclusiones definitivas. En otra palabras, conocimiento seguro y claro de algo, muy en sintonía con la raíz filosófica del empirismo de David Hume.
    • Mi respuesta: Lo cierto, es que pocas cosas son ciertas, y sobre todo de entrada es que la razón es válida y recta, pero es un medio y no un fin. No buscamos la verdad para poseerla, sino para vivirla. Y en el ámbito puramente académico, la certeza es exclusivamente un estado subjetivo, por eso más que un conocimiento universal, la ciencia lo que aporta es una comunicación intersubjetiva, lo que uno entiende por cierto lo puede ser también para otros. La demostración es ese camino que de ser seguido con rigor conduce siempre al mismo resultado o conclusión.
  2. Verdad.
    • Verdad ontológica: Lo que las cosas son en sí mismas. “Ens et veritas convertuntur”
    • Verdad en el entendimiento: “Adaequatio intelectus cum re”. La adecuación de la cosa pensada con la cosa en sí (de la verdad ontológica)
    • Verdad en la virtud (como hábito): Coherencia vital, verdad de conciencia, hacerse verdad a sí mismo, co-pensarse como ser, especialmente como ser creado, como ser personal.
  3. Verosimilitud:
    • Armonía con la verdad. No busca tanto el rigor lógico del discurso, que tampoco debe ser obviado, como la conexión con la bondad y la belleza, que reside en la hablar.
    • Aparece centralmente en la llamada comunicación subjetiva (no tanto por la dependecia de uno, como por la importancia de “gesto, presencia y palabra” es decir, de liturgia).
    • Parte de la evidencia de que existen al menos dos tipos de comunicación, según la posición objetiva de los interlocutores:
      • Uno encima y otro abajo (no por ello en menor dignidad o posición), la comunicación docente o de enseñanza-aprendizaje. El que sabe es el maestro y el que espera aprender es el alumno.
      • Y la comunicación discursiva, entre iguales, más propia de la función académica, pero en círculos cerrados, como una explicación que apela solo a la fría lógica del razonamiento.

Conclusión: el discurso de la fe es una comunicación del tipo “verosimil”, no por ello menos verdadero, ya que no solo apela a la verdad, con Dios-Verdad, sino que se completa con Dios-Bien, y Dios-Belleza, es decir, con Dios-Amor. Y si me apuras, ¿no está Dios muy por encima de las criaturas aún de la criatura racional?. Dios mismo ha apostadp por un discurso “verosimil”, ya que no solo pretende que tratemos de enteder su Palabra, sino que además esta sea “amable”, en sentido propio de la palabra, “que se puede amar”. Sencillo, creo yo.

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