Enseñar a pensar

Un más que interesante tema con el que nos topamos cada día los educadores es con un denominado objetivo fundamental: enseñar a pensar.
No se trata de un mero pensar por pensar, ya que esto lo realizamos aunque no tengamos la intención de, ya que como dijo el filósofo francés “cogito ergo sum”, y si tú y yo existimos, por ende, también pensamos. El objetivo es pensar bien y con verdad.
No se trata de pensamientos positivos o pensamientos agradables, ya que la mayoría de nuestros pensamientos no lo son; muchos de ellos son hasta dolorosos: pasados difíciles de digerir, experiencias negativas, actos que nos humillan o nos recuerdan lo poco que somos, y el problema del futuro, sus inquietudes e incógnitas. Aunque lo que más hacemos es pensar sobre nuestro presente. Nuestra pequeña e insignificante actualidad. En definitiva, que pensar a veces no resulta agradable ni apetecible, pues nos enfrenta con nosotros mismos, y eso no gusta.
Pensar bien es algo que no se aprende pensando. Es de esas pocas cosas que requieren de una cierta preparación, una preparación que apenas da en la diana en nuestros centros escolares.
Estamos en fechas de inicio de curso en los colegios y muchos profesores, entre los que me incluyo, tenemos la tarea de llegar a desarrollar en nuestros alumnos eso que hemos llamado “aprender a pensar”.
Parte de la tarea docente acertará si somos capaces de responder a la pregunta sobre cómo se piensa bien.
Estas son mis conclusiones y posibles respuestas a esa pregunta:
1º A pensar aprendemos pensando sobre la realidad.
2º La realidad pensada no es la realidad, luego no todo pensamiento sobre la realidad será acertado y verdadero.
3º La realidad es abierta y por tanto no cabe reducirla o darla por cerrada, luego no cabe “dejar de pensar”, entendiendo que ya hemos agotado nuestra capacidad.
4º Para pensar en esa realidad abierta es importante comprenderla como una realidad analógica. Es decir, que se dice “ser” de muchas maneras.
5º Pensar no es sólo resolver problemas o plantear preguntas. También es generar diálogos y abrirse a los demás. Parte de un diálogo es preguntar- responder, aunque no toda conversación es cuestionable.
6º Para enseñar a pensar hay que pretender enseñar la realidad pensada como pensada. Y proponer que la tarea del pensamiento es un constante examen de esa realidad.
7º Confundimos pensar con abstraer e imaginar, tareas previas al pensamiento.
8º Imaginamos lo que vemos y abstraemos lo que pensamos sobre lo imaginado o visto. Abstraer es la operación final del pensar.
9º En conclusión, puesto que vemos e imaginamos de forma natural – operación propia de nuestra naturaleza animada- lo que nos constituye en diferentes en nuestro pensar es la abstracción. Enseñar a pensar es enseñar a abstraer, enseñar a trascender la realidad como meramente pensada, la realidad que coincide y es nuestra capacidad de pensar sobre ella.

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