Libertad y virtud. La falacia de Educación para la Ciudadanía.

La falacia de la libertad absoluta, del “prohibido prohibir” es la mayor desgracia que nos ha podido tocar desde la revolución del 39. Si,  tanto un extremo como el otro se tocan, se contradicen y son absurdos.

No somos tan libres como nos gustaría ser. Para empezar, hay al menos tres cosas que no podemos decidir, tres aspectos en los que no cabe la libertad: el mero hecho de existir, nuestro contexto cultural y familiar, y nuestro sexo. Seguro que hay más. Sin ir más lejos, no podemos decidir poder elegir estas cosas, es decir no podemos elegir, elegir el momento de nuestra aparición en la tierra; no podemos elegir, poder elegir nuestros padres o nuestros hermanos o hermanas; no podemos elegir, en definitiva nuestro ser.

Lo que somos se nos da, lo hemos recibido, somos por tanto receptores de algo que no hemos podido elegir. ¿Es posible, que por ello se desvirtúe, pierda su halo de valor o de intensidad, al no ser posible elegirlo? Para nada, precisamente donde realmente se presenta esa intensidad vital, ese valor es en aquellas cosas que no elegimos, sino que nos acontecen. La virtud parece que se gana no en lo fácil o lo que se puede elegir o no, sino en lo arduo, en lo costoso, en lo que no se puede elegir, sino que se debe afrontar.

Esta famosa asignaturita, educación para la ciudadanía y los derechos humanos, guarda para sí una de las mayores mentiras de nuestra historia reciente: el problema de la libertad.

Para los autores de tal teoría educativa, la libertad se gana, y se elige. Para estos, el ser libre se convierte en un estado concomitante, un estado de los sentimientos. La libertad se convierte en la región de la posibilidad. La región de la in-dependencia. Es decir, la no dependencia, lo que significa  la no pendencia de otro: que en claras y maduras expresa que no se tiene nada dado, sino que todo es construido, logrado.

Y claro, si todo es logrado; si lo que cada hombre puede llegar a ser, se basa en lo que cada cuál haga, en el fondo nada es logrado, ya que siempre se podrá lograr de otra manera, y los criterios de logro, de bien, de mal, de… casi todo, se convierten en la pura subjetividad.

He de reconocer que se están prostituyendo las bases de la educación.

La propuesta de Ciudadanía es el debate. No digo diálogo, por que para que haya diá-logo, ha de haber dos logos, dos palabras, es decir un intercambio entre dos razones.

Es decir, lo más parecido al modelo EpC es el debate televisivo. Uno coloca su bloque (lo de menos acaba siendo sobre qué) y luego los alumnos deben responder o hacer sus preguntas a un profesor que con gran facilidad se limitará a decir cosas así: “está bien, si así lo sientes, debes seguir tus afectos y tus sentimientos”, “uff, que malos son los de la Iglesia, que prohíben el preservativo”, “la sociedad todavía padece homofobia, pero vosotros tenéis la oportunidad de cambiar las cosas”… Para que seguir.

Y yo me pregunto, ¿para qué una asignatura que al fin y al cabo, trata de dar rienda suelta a los sentimientos y dar carta de validez a cosas que todavía no están aceptadas por la sociedad? A veces pienso que en educación no sirve de nada hablar o decir las cosas; se encargarán otros (papá Estado) en boicotear toda iniciativa por servir al hombre.  

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2 thoughts on “Libertad y virtud. La falacia de Educación para la Ciudadanía.

  1. ¿Que todavía no están aceptadas por la sociedad?
    ¿El qué, la homosexualidad en España? ¿Algo que no se puede elegir y ante lo que solo cabe la aceptación y la tolerancia? ¿Vas a hablar algo sin soltar prejuicios?

  2. Estimado Prejuicio, no se trata de que este o no aceptado, en el siglo XV la pena de muerte estaba aceptada, hasta hace bien poco la esclavitud estaba aceptada, en algunos países la poligamia está aceptada: ¿acaso hay que hacer que algo sea aceptado por todos para que sea verdad?
    Espero que no tengas que esperar a que todos acepten que existes para decirlo…

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