La educación de la personalidad desde la persona

Una pregunta que constantemente debiéramos hacernos los educadores es la que nos marca sobre qué terrenos debemos establecer nuestra acción educativa: parece evidente que es sobre la persona, pero no parece tan evidente la pregunta sobre ¿qué es lo que crece, la persona o la personalidad?

Algunas definiciones debiéramos dar para aclarar a qué se refiere el educador cuando se plantea estas cuestiones.

La persona es aquello que nos define en el ser lo que somos. Es decir lo que nos constituye en un qué que es ser humano, persona es un determinado tipo de ser. Dotado de unas potencias específicas y exclusivas de nuestro ser persona: inteligencia, voluntad y corazón; enriquecidas con los niveles inferiores de nuestra estructura personal: imaginación, memoria, apetitos y sentidos externos.

La personalidad es aquello que nos constituye como un quién concreto: un ser personal con nombre y apellidos, con historial y biografía. La personalidad, para los psicólogos es un conjunto de rasgos prolongados y estables en el tiempo y en las circunstancias que nos permite definir a una persona, pero no deja de ser una pequeña y susurrante reducción, puesto que no podemos agotar y encorsetar la riqueza vital y existencial de una persona en unos parámetros construidos y ajenos a veces a la idiosincrasia habitual de las personas.  De hecho lo que permite definir la personalidad como objeto educativo es el factor del crecimiento: las virtudes van directamente a definir nuestra personalidad con factibilidades habituales.

Visto lo anterior: ¿qué es educable: la persona o su personalidad?

Considero que cabe educar ambas cosas. La persona es susceptible de crecer puesto que aunque no nos damos a nosotros mismos nuestro ser persona, sí que somos responsables de nuestra activación como persona. Con nuestra libertad podemos “despersonalizarnos”, aunque nunca dejamos en acto de ser persona si que dejamos de vivir como personas. En esta tesis reside la dignidad humana: por mucho que podamos hablar de personas que más les valdría no haber nacido (Hitler, Stalin, etc.) siempre hay que remitir a que su valor digno reside en su ser persona y no en su personalidad.

Sin embargo, el hombre necesita educación. En el animal no hay diferencia entre su ser animal y su animalidad, puesto que ambas se identifican. En el hombre si existe esa diferencia. Y la educación se encarga de que esta diferencia sea positiva y depositaria de un mejor crecimiento.

De tal forma que como educadores debemos atender a todo esto: salvaguardar la condición de persona, hacer valer esa dignidad originaria de persona, con su respeto y su consideración; y abrir los horizontes de la personalidad en una búsqueda abierta de esas acciones que nos hacen mejor persona y que nos ayudan a crecer en como personas, enriqueciendo nuestra personalidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s