Fidelidad, felicidad: el camino de la entrega donal.

Atravesamos tiempos de cambio, o eso parece, parece que las cosas cambian, pero en realidad los que cambiamos somos nosotros. Las cosas siguen siendo como son. Nosotros cambiamos pero no cambiamos lo que nosotros somos sino lo que hacemos. Decía Sartre que “el hombre es un ser para sí” de tal forma que solo cabe que se pueda hacer a sí mismo. Pero no, más bien es un ser que hace de sí mismo todo lo que le rodea (“de alguna manera todas las cosas son hechos en el hombre, porque todas las puede conocer”).

El ser del hombre como puro hacerse ha tomado la delantera, al menos en cuanto a la constatación del pensamiento social se refiere. Para un ser que cambia es menester establecer aquel conjunto de cosas que sean convertidas en esenciales para la propia vida. Y a ese conjunto de cosas, con las que nos asociamos y relacionamos, se las llama vínculos. Es decir, relaciones constituyentes en el ser. No son esenciales en sí, en el hombre, no nacemos con esos vínculos, los encontramos. Tampoco los creamos, nos aparecen y los aceptamos, les damos nuestro ser.

La idea que aparece como evidente es la pregunta por el cambio. La cuestión de la felicidad tiene mucho que esperar de una respuesta acertada a esta pregunta. Si la realidad cambia en mí o a causa de mí; y si sobre la realidad cambiada puedo establecer una realidad esencial que para mí no cambia.

A eso se dirige de lleno la cuestión de la fidelidad. Ser honesto con aquello que no cambia en mí y para mí. Es decir, no cambiar yo a pesar de que cambie lo que no es yo.

Pero este principio se quedaría cojo si lo dejásemos tal cual. No podemos olvidarnos del otro. La fidelidad es fidelidad a uno mismo en vínculo. Solo se puede ser fiel a una persona. Solo se puede ser feliz gracias a una persona.

En definitiva, se es fiel a una Persona y se es feliz gracias a una Persona.

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One thought on “Fidelidad, felicidad: el camino de la entrega donal.

  1. Hola:
    Muy interesante, nos debemos fidelidad a nosotros mismos y si no somos capaces de aceptarnos con humildad , pero también con esperanza, de respetar nuestra forma de ser y de sentir, posiblemente nada de lo que hagamos tenga sentido.
    Se es fiel con uno mismo cuando nos queremos, cuando entendemos como seres humanos y por lo tanto no perfectos, cuando conocemos nuestras limitaciones y no por ello nos derrumbamos, cuando nos guiamos por una serie de valores que están arraigados en nosotros y sobre los que hemos reflexionado,cuando somos capaces de evaluar las opiniones de los demás y no nos dejamos arrastrar. Somos fieles con nosotros mismos, en definitiva, cuando somos felices por ser como somos.
    Posiblemente uno de los grandes miedos y, al mismo tiempo, retos a los que nos debemos enfrentar sean los de asumir la opinión de los demás que puede ir en contra nuestra. Siempre hay alguien que no aprueba nuestro comportamiento, es algo que te encuentras a diario. Dar importancia a comentarios sencillos u otros más complejos que tienen que ver con grandes decisiones de nuestra vida, nos puede hacer hasta tambalear, si no estamos convencidos de lo que somos. La fidelidad nos ayuda a afianzar la idea que tenemos de nosotros mismos y no nos permite convertirnos en veletas que se mueven al antojo del viento.
    La fidelidad sin reflexión puede convertirse en arrogancia, tozudez o intolerancia.
    saludos.

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