La ciencia surgió dentro de una corriente cristiana y orgánica de la realidad.

 

Si existen leyes es porque existe un legislador, y si existe un legislador es porque alguien lo ha designado legislador, luego podemos decir que ese alguien no puede ser legislado, ya que se vería legislado por otro; no es en absoluto legislado de sí mismo, sino que es un legislador sin legislación.

            La ley no solo es la expresión de la bondad debida o procurada, o de la maldad indebida o a  evitar, sino que es la existencia del orden jerárquico.

            Lo característico de la persona sabia es ordenar, en todos sus sentidos. Dar orden a las cosas y ordenar, procurando un fin, a las cosas. Y si existe un cierto orden es porque existe un cierto “ordenador”.

            El optimismo de la ciencia ulterior y actual solo puede estribar en el optimismo del “logos”. Hay una evidencia de sentido en la realidad. Al menos, hay una evidencia de que aún descubriéndose que algo no manifiesta sentido (mecánica cuántica), es coherente que tenga sentido que algún tipo de realidad no tenga sentido.

            El cristianismo como modelo y propuesta vital es coherente y consecuente con esa respuesta orgánica de la realidad. En efecto si Dios, que es sobre todo inteligencia volitiva, entendimiento caritativo, intelecto que quiere, que ama y que sobre todo, perdona. Y si ese Dios, que es amor, ha creado el mundo, la realidad fundente, ha dotado de acto ser a las cosas, la manera de ser de las cosas creadas, sin ser necesaria (SOLO EL ACTO DE SER ES NECESARIO EN SÍ, PARA QUE ALGO SEA) como poco será real, razonable y conocible.

            Fruto de esta anterior reflexión podemos afirmar que: tanto la relatividad y la mecánica cuántica como la teoría de la evolución, son convincentes y válidas como pretensiones de verdad, aún a pesar de los esfuerzos, tediosos intelectualmente, que ciertas personas ha hecho para afirmar y justificar que una postura racional -científica– es contraria a la búsqueda y al encuentro con la fe.

            La fe no es una actividad pura de la razón, podemos afirmarla, de alguna manera, como razonable, pero su fundamento apela a la razón en la misma medida en que no se basa en ella. Apela, por tanto, al habito intelectual sobre el que se basa nuestro conocimiento de las cosas.

            Por tanto, a ti estimado lector, que quizás pienses que una postura coherente, racional y que verdaderamente busca la certeza ha de desprenderse de los mal llamados postulados de la razón (teología), te propongo un reto: buscar alguna contradicción substancial (no accidental) de la interpretación cristiana de la realidad, no busques en la literalidad bíblica la respuesta, búscala en la proposición que te hace Dios: la vida, tu vida, tiene sentido.

 

Francisco Prieto Roselló (director y primer redactor de pedaleosymas)  

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16 thoughts on “La ciencia surgió dentro de una corriente cristiana y orgánica de la realidad.

  1. Hola:
    Hay que ir encontrando el sentido de la vida , desde que tomas un contacto real de tu propia existencia, en cuanto uno mismo dice que por algo ha venido a este mundo, esta preparado para empezar a vivir, cuanto antes uno se da cuenta de quien es y se conforma con lo que tiene, y siempre mira al que tiene menos que él, e intenta ayudarle de la mejor manera posible..Este ser humano empieza a saber vivir…
    Saludos.

  2. EJEMPLO DE SOFISMA RELIGIOSO: “Si existen leyes es porque existe un legislador, y si existe un legislador es porque alguien lo ha designado legislador, luego podemos decir que ese alguien no puede ser legislado, ya que se vería legislado por otro; no es en absoluto legislado de sí mismo, sino que es un legislador sin legislación”.

    R: Si ese “alguien” nombra legislador a espalda de los legislados es un dictador. Además, el nombramiento no tiene validez debido a la falta de consentimiento de los legislados y, acaba siendo -el legislador- un títere en manos de ese “alguien”. Ese “alguien”, obligatoriamente deben ser los legislados puesto que sin ellos no habría a quien legislar ni habría un legislador y, por consiguiente, no habría leyes. En democracia, quien elige al legislador son los legislados, que representan el máximo poder al punto de tener potestad para designar un legislador; los legislados pueden y deben legislar al legislador para evitar transgresión y/o aprovechamiento de las leyes en beneficio de su bienestar personal.

    Este legislador temporal, que es parte de los legislados, debe ser el primero en cumplir las leyes para dar a los legislados la seguridad de su honradez en la gestión encomendada. Legislar a espaldas de los legislados es dictadura, rompiendo la confianza que los legislados pusieron en su nombramiento. Fácilmente será derrocado, salvo que recurra a la fuerza bruta, la intimidación o al engaño.

  3. Jaime, entiendo perfectamente esto que dices, todo el texto. Pero quisiera centrarte en dos asuntos que creo, obvias.

    1º. Existe al menos una cosa para la cuál no es menester para el hombre legislar, y es su propia esencia, su propia identidad fundamental. Eso es lo que digo en el post, a afirmar que el ser necesario para que existan las cosas es Dios. El hombre nunca podrá legislar sobre las condiciones de la naturaleza. Esa es la trampa de la modernidad, pretender sacar al hombre de la naturaleza, para dominarla. C.S. Lewis, define esta tesis en su libro “La abolición del hombre”.

    2º. El fundamento de la realidad no es democrático. No es susceptible ni posible hablar de un deber ser anterior al ser mismo. Ser es ya un deber ser. Solo se puede pretender alcanzar un cierto “deber ser” desde un ser ya “de alguna manera” para poder llegar a ser aquello que por esencia se “debe ser”. Y estrictamente solo el ser racional, el ser humano es susceptible de ese “llegar a ser”. Porque la existencia humana es un crecer en el mundo. Solo se puede permitir una legislación, entendida como democrática, si se admite ese “llegar a ser” que para el hombre, se convierte en plenitud en el concepto de felicidad. Si una legislación democrática se olvida de esta trascendental pregunta, está prostituyendo su sentido más genuino y denotativo como tal.

    Otro asunto que señalas es sobre la legitimidad del legislador. En efecto, si llega a darse el caso en que el legislador dictase leyes que fueran contra los legislados podría y debería darse el hecho de un fuerte rechazo de tal legislador, sin embargo, el caso humano en relación con el legislador divino no puede llegar a darse semejante caso, puesto que las leyes divinas cumplen a raja tabla la condición de felicidad del hombre. Dios ha creado al hombre para su plenitud.

    Saludos, y gracias por comentar.

  4. Si existen leyes es porque existe un legislador

    Falso. Si existen leyes, la primera conclusión que se saca es porque existe un sistema; los demás argumentos provienen del desconocimiento del mismo.

    ¡Ah! Y feliz año para ti.

  5. Juancho: de un sistema de cosas no se extrae la causa de la misma. Esto equivaldría a decir que la existencia de cuerpos se debe a la existencia de los miembros.
    El sistema del que tú hablas no es más que la confusión del todo con la parte. Cada ley es una parte del sistema, pero la existencia misma de la ley no es un sistema y no es referido a ningún sistema, pues como tal, un sistema es un constructo de razón (irreal). Y sin embargo una ley o un deber o imperativo moral (esquivalentes entre sí, ya que ley es el enunciado positivo del deber ser y del imperativo o mandato moral sobre la actuación: el deber es por tanto aquello que me conviene por mi dignidad, aquello que me permite mostrar toda mi dignidad y no lastrarla.

    La existencia de esta ley (y por lo anterior, dignidad) remite en último término a una instancia superior. No en sentido kantiano, como justificación moral y “premio”, como necesidad e imperativo moral; sino como origen incausado.
    Las leyes tienen sus causas, muchas unas sobre otras, a veces incluso una prevalece sobre otra (la fundamentación de la defensa propia en caso de intento de asesinato parte de esa yuxtaposición de imperativos morales), y siguiendo con esta argumentación, si unas leyes se ordenan a otras, en último término existe una ley que domina y es sustancia de todas las demás. Esa ley, en su formulación positiva es el imperativo personalista. Tal como lo formula Kant.

    La existencia de Dios se deduce (o induce, no creo que sea una deducción propiamente hablando) de la imposibilidad de establecer una autonomía jurídica asentada sobre la arbitrariedad absoluta de la ley. Puesto que existen determinadas leyes universales, existe un ser universal, un ser más que universal, por encima del universo: a quién llamamos Dios.

    Saludos, y lo mejor para el 2010.

    ¿sois de Argentina, no? Es porque tengo un primo trabajando allí…

  6. Tienes razón: de un sistema no se extrae la causa del mismo. Sin embargo, al existir una ley se sabe que hay un sistema, al ser la existencia de leyes un atributo inherente de un sistema.

    Después estableces una argumentación que bien podría pertenecer al ámbito de la antropología filosófica; comparas la ley a un mandato moral o un imperativo, pero ahí reduces el mismo concepto de ley. Sí, para el ser humano, la ley es un concepto normativo, más para la propia naturaleza (el sistema donde conviven elementos materiales y leyes físicas, y al cual pertenecemos), estos atributos son positivos en el sentido en que es inevitable cumplirlos.

    Por último, y siguiendo con tu argumentación, siempre me ha causado y me causará gracia cómo la filosofía moderna ha heredado, conservado y aplicado “axiomas” de la filosofía clásica, tales como conceptos del motor inmóvil, o la causa incausada. Digo que es gracioso pues, al ser vacíos conceptuales, parecen satisfacer las exigencias explicativos de muchos hasta el punto en que se convierten en comodines del discurso argumentativo.

    Yo, como ya te lo he platicado en otras ocasiones, no comparto esa herramienta, pues, reitero, sólo aparecen cuando carecemos del conocimiento objetivo que nos permite acceder a la realidad. Por ejemplo, yo, al no conocer la causa inicial del todo, le pongo por nombre “Dios” y le otorgo la cualidad de “causa primera incausada” y ya está. Ello implica un enorme salto en el razonamiento lógico. Remitiéndose a la teoría de causas, la inicial es comúnmente la más difícil de conocer y, en últimas, la que menos ocupa al saber racional.

    Me preguntas que si soy argentino… ¡Me extraña! Creí que para este momento ya sabrías mi procedencia. No, no lo soy, pero he tenido el placer de estar allá, y es una tierra hermosa.

    Un saludo especial.

  7. Ojo, comprendo perfectamente a lo que te refieres. Sigo preguntándome la razón exácta a tu ruptura en lo que a la idea de naturaleza o ley natural se refiere. Me explico: me indicas que una cosa es la ley moral inscrita en el hombre y otra, bien distinta, por incuestionable e infalible, la ley físico-natural. Y sin embargo reivindico que se trata de una misma ley de lo natural. Supongo que sabrás que desde Descartes hasta nuestros días existe una ruptura entre la naturaleza humana y lo que no es naturaleza humana de la naturaleza; res cogitans (para la naturaleza racional humana) y res extensa (para la inexorable e inviolable naturaleza irracional e inerte). Y todos los filósofos modernos, uno tras otro han caído en la misma reducción, o dualismo. Todo intento de enfrentar dialécticamente la naturaleza humana frente a la naturaleza inerte acaba por demostrar que en ningún caso se pueden contraponer, ya que se trata de una misma cosa.
    No es un naturalismo pesimista o negativo, sino una propuesta que pretende llegar más a la entraña primera de la naturaleza.

    Todo esto al final saca a relucir diferentes dualismos: libertad-determinismo, idealismo-materialismo, esencialismo-existencialismo (como vertientes del idealismo), y otros…

    Lo de Argentina es porque traté de verlo en tu blog, pero no lo encontré, incluso en la sección “sobre mi” no llegas a decir de dónde eres…

    Saludos, seguiremos dándole a la cabeza.

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