Teoría de la evolución y metafísica: una síntesis razonable

Se ha dicho hasta la saciedad cómo suceden y operan en la realidad de las especies y su desarrollo genético y biológico, es decir, cómo se desarrolla la evolución de las especies a lo largo del tiempo, mediante la selección natural y el medio azaroso.

Con este principio accedido y conocido por la razón y el proceder científico podemos concluir sin ánimo de equivocarnos que las especies cambian, y mucho.

¿Cómo explicar entonces, y articular una fundamentación metafísica de la realidad al hilo de los conocimientos que tenemos de la teoría de la evolución?

 

Partamos de la premisa evidente por sí misma: las cosas cambian sin necesidad, lo que podríamos definir, por azar. Hemos de articular entonces que para que algo cambie ha de haber algo que no cambia, o que al menos, sea sustrato necesario del cambio (en química se observa bastante bien, pues hay varias nociones que requieren de la existencia de algo que no cambie, o que no aparezca en la reacción, pero sin ella la reacción no se da, son los compuestos intermedios), en términos biológicos, entre el ser de una especie y no ser en absoluto no hay término medio, o se es de una especie o no se es.

Tomemos el ejemplo de la famosa evolución de las jirafas, e incluyamos el desarrollo evolutivo de estas en el campo del desarrollo de otros cuadrúpedos de tipo equino. (En este punto he de aclarar que debido a mi escasa formación de campo o de laboratorio paleontológico, desconozco, ahora, si la jirafa es antes o después del caballo, por lo que en lo siguiente considérese una premisa teórico-práctica necesaria el hecho de que fueron primero los caballos y luego las jirafas)

 Existía en un principio algo que podemos llamar ancestro del jiráfido, un ser muy parecido al actual caballo, que azarosamente (es decir, sin necesidad real, sino por pura casualidad) aparece en un entorno o ecosistema que tiene los árboles más altos y las pequeñas hierbas son escasas y de pequeño tamaño, lo más parecido al actual ecosistema africano, la sabana.

Entonces, tenemos un grupo bastante numeroso de estos equinos. La necesidad de alimentarse hace que solo los de cuello más alto alcancen las ramas de los árboles grandes; los de cuello más pequeño, por tanto, menos hábil para alimentarse, o bien cambian de ecosistema o mueren de inanición, a causa de la falta de alimento. Podemos decir que un grupo bastante numeroso accede a las copas, más o menos, altas de los árboles, y de entre este grupo se reproducen, al igual que los que han huido. De manera que la pequeña diferencia genética que existía entre los que se quedan (cuello algo más alto) y los que mueren o se van (cuello más corto), se agudiza y se favorece, los que nazcan con el cuello más grande, sobrevivirán; los que nazcan con el cuello menos grande, o perecerán o emigrarán en busca de pastos más pequeños. El tener un cuello más grande se ha convertido, para el ancestro de la jirafa, en una ventaja evolutiva que garantiza la supervivencia.

En síntesis hasta ahora, el grupo de equinos inicial tenía, genéticamente hablando, una potencialidad genética (potencialidad segunda) amplia. De hecho no todos los equinos ancestrales se han convertido en jiráfidos. Solo la aparición accidental de árboles grandes, para los cuáles la presencia en el animal de un cuello más grande hace posible su aprovechamiento como alimento, ha favorecido que la potencialidad genética del equino ancestral se actualizase en el jiráfido, animal semejante a dicho equino pero con el cuello más grande.

De este modo, y siguiendo el hilo dejado por la ciencia biológica, ciencia evolutiva, estamos en condiciones de asegurar que en el reino natural las cosas no suceden por necesidad absoluta. La causa de la evolución en el jiráfido, puede ser, sin lugar a dudas la presencia de árboles más grandes, pero no es necesaria esa evolución: la naturaleza se caracteriza por su contingencia. Lo cuál no quita que podamos localizar determinadas leyes regulares que son definibles y conocibles. En realidad, lo que hemos llamado contingencia o no-necesidad, es la constatación de: 1. no hay solo un camino único, y 2.  el hecho de que algo o alguien tome ese camino no está predeterminado, no podemos conocer todo lo que algo o alguien hará sabiendo qué o quién es. Podemos saber qué puede hacer, pero no sabemos qué hará.

En una sola idea: que las cosas cambien expresa que son variables, mutables y contingentes, pero no son absolutamente variables. El hecho rápido y simple de que las podamos conocer implica que hay algo, que realmente existe algo, que da continuidad al cambio, y eso es lo que simple y llanamente llamo yo, sustancia. Es más, sin más rodeos se puede observar que no solo todo lo que cambia es cambiado por otra cosa, sino que el mayor cambio de la historia es la aparición de lo característico de la historia: el tiempo. 

 

Francisco Prieto Roselló (director y primer redactor de pedaleosymas)

  

Anuncios

2 thoughts on “Teoría de la evolución y metafísica: una síntesis razonable

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s