Hitler, el nazismo y la leyenda negra de la Iglesia: Pio XII

El escritor e historiador italiano Andrea Tornielli, desvela en su nueva obra «Pío XII, el Papa de los judíos» las destructivas intenciones del líder nacionalsocialista, Adolf Hitler, que ordenó a sus subordinados arrasar «a sangre y fuego» el Vaticano y secuestrar y confinar al obispo de Roma y jefe de la Iglesia católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán.

Adolf Hitler ordenó en 1943 la destrucción del Vaticano y la deportación del papa Pío XII como represalia por la presunta ayuda del Pontífice a los judíos y por la oposición de la Iglesia al régimen nazi, según el historiador italiano Andrea Tornielli.

Tornielli explica en su libro, que acaba de salir a la venta en Italia, que el «Führer» montó en cólera tras la firma del armisticio entre el Gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.

El líder nacionalsocialista habría dispuesto el traslado del Papa al principado de Liechtenstein, donde debería haber permanecido como rehén de los alemanes.

El plan no llegó a cumplirse gracias a la firme oposición del oficial que iba a dirigirlo: el general Karl Wolff, entonces comandante de las SS en Italia, quien logró disuadir a su superior.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti ha defendido la validez de la tesis de Tornielli en una intervención que pronunció el pasado 22 de agosto en el «Mitin» del Movimiento católico «Comunión y Liberación», extendido por todo el mundo, que se concluyó este sábado en la localidad costera de Rimini, en el norte de Italia.

Andreotti defendió la figura de Pío XII y rechazó las críticas que recibió el Pontífice al final de la Segunda Guerra Mundial sobre su pasividad ante el holocausto judío realizado por los nazis.

«La hostilidad contra el papa Pacelli no se debió a su debilidad contra el nazismo, sino a su rechazo del comunismo», aseguró.

Los argumentos expuestos por Tornielli ya habían sido apuntados por historiadores y estudiosos en los últimos años, que citaban testimonios y documentos de la etapa de la ocupación nazi de Roma. Entre ellos figura Antonio Gaspari, autor de «Los judíos, Pío XII y la Leyenda Negra», en los que se narran testimonios de judíos que fueron salvados en Roma de la persecución nazi-fascista, gracias a la ayuda de hombres y mujeres de Iglesia, por petición misma del Papa.

Este libro sale a la luz cuando está en marcha el proceso de beatificación de Pío XII, rechazado por algunos sectores de la comunidad judía y por exponentes de derechas del actual Gobierno de Israel.

Eugenio Pacelli, Pío XII, falleció el 9 de octubre de 1958 en la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo, tras diecinueve años de intenso pontificado.

Su acción concreta y eficaz a favor de los judíos salvó, directa e indirectamente, a 800.000 de ellos, según testimonio del investigador israelí Pinchas Lápide.

Lejos de tener afinidad con Hitler, como sugirió maliciosamente Rolf Hochhuth en su obra teatral «El Vicario», el Papa se vio implicado activamente en las conspiraciones de la resistencia alemana para derribar al tirano, como demuestran los documentos del Foreign Office británico acerca de la llamada «Schwarze Kapelle», a la que estaban vinculados el Almirante Canaris, el conde Von Stauffenberg y otras personalidades alemanas contrarias al Führer.

Pacelli había leído «Mein Kampf» y calibró en repetidas ocasiones el peligro de las doctrinas en este libro contenidas. No es extraño, pues, que fuera el autor intelectual de la encíclica contra el nazismo «Mit brennender Sorge», escrita por su predecesor, cuando él era secretario de Estado vaticano.

Artículo tomado de la página: www.interrogantes.net

Francisco Prieto Rosselló

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7 thoughts on “Hitler, el nazismo y la leyenda negra de la Iglesia: Pio XII

  1. Aunque es cierto que en Roma hubo una oposición (no demasiado fuerte) al régimen Nazi, no podemos decir que la Iglesia católica fuera lo que se dice un firme opositor a Hitler. De hecho, el colaboracionismo fue la tónica dominante previo a y durante la guerra, especialmente en el tema judío. Obviamente, el pope no podía dejar pasar la oportunidad de erigirse en benefactor de la humanidad, pero que hubo una clara filiación inicial entre ambos poderes es algo conocido de largo en la historia que gira alrededor de la II guerra. Lo he leído con interés porque esta guerra ha sido siempre uno de mis temas favoritos, pero no puedo dejar de asumir una cierta perplejidad por ese ataque de papa a Hitler, no por desconocido, si no porque no apunta a la coherencia debida con los acontecimientos anteriores a la guerra propiamente dicha, y a sus inicios.

  2. No es un tema sencillo mi mucho menos. De lo que sí podemos estar seguros es de la postura doctrinal de la Iglesia con la encíclica “mitt brönge sörge”. El rechazo a la utilización del hombre como medio y no como fin, que es lo que no promulga el nazismo en general, al establecer que la raza judía no es depositaria de la misma dignidad inherente a todo ser humano.

  3. La diferencia fundamental entre los seres humanos es puramente genética, de ahí que se inventaran lo de la eugenesia para potenciar a los genéticamente mejores. La cuestión es que si tomamos eso desde un punto de vista meramente naturalista (insignes como Lindbergh pensaban de esta manera), los seres humanos somos naturalmente desiguales, por las propias características raciales. Tomar al ser humano tanto como medio como fin es un error en si mismo. El ser humano es una entidad, no un medio ni un fin para obtener nada. Eso es cosificar al ser humano, y eso es lo que hacían los nazis. Cosificar a los humanos. Dependiendo de como los cosifiques, conseguirás una raza superior o detritus humano. El ser humano no es ni un medio ni un fin, y cualquier ideología que trate de conseguir algo de esa manera está abocada al error.

    Los seres humanos somos iguales de manera meramente formal. Hemos creado reglas (leyes) que dicen que somos iguales, y recordemos que las leyes se promulgan para influir en el devenir de la cultura. Si ahora gentes como nosotros consideramos a todos los seres humanos iguales no es porque lo seamos por naturaleza, sino porque ideológicamente hemos comprendido que es una necesidad de supervivencia que sea así. Yo creo que los seres humanos somos iguales porque lo somos, pero porque mentalmente he llegado a esa conclusión por mi mismo, sin que sea algo inherente a la persona humana como tal.

  4. Recomiendo la lectura del Concordato Imperial, potenciado y firmado por el señor Pacelli. Para estar en contra de los nazis, firmó un acuerdo muy ventajoso con ellos…

  5. lainon, cuando digo que el hombre es un fin y no un medio, digo que un fin es aquello que no puede nunca ser anterior a nada. Creo que no correoder el alcance de tus afirmaciones al decir que la dignidad de todo hombre es un pacto entre los mismos para buscar la paz, porque ¿y sí la paz pasase por aniquilar a un grupo, como en cierta medida sugieren ciertos sectores laicistas en la actualidad? Si me vacías de contenido a cada persona, vacías de contenido a la realidad, base de la elaboración y del reconocimiento de los derechos y deberes de todo hombre…

  6. No insinuo que haya que vaciar de contenido a los individuos. Cada uno tiene una importancia por si mismo y aporta algo al grupo. Pero no podemos por ello obviar el fondo de la cuestión, que es la procedencia del concepto de igualdad, que además es un concepto separado de la dignidad. Decía Kant (creo, me podeis corregir) que la dignidad viene a ser el valor de una persona. ¿Cuanto vale una persona? Su dignidad como tal. Las personas que se venden (venden su dignidad) a cualquier precio pierden esa esencia de su individualidad. Dignidad y libertad son dos esencias propias del ser humano, le son inherentes por el hecho de ser humano. Son preexistentes y en el momento de nacer o ser concebido (según seas abortista o no) ya los llevas incorporados (de serie, vamos). Pero la igualdad no. No somos iguales (por mucho que Jorge Manrique dijera lo contrario en su inmortal obra) al nacer, sino que es la sociedad la que dice lo igual que eres, y en que condiciones. Los derechos y deberes del indiviuduo proceden de su naturaleza humana, no le son inherentes. En cada sociedad, las distintas personas tendrán distintas condiciones y por lo tanto también distintos derechos y deberes. No podemos ser tan ombliguistas de pensar que nuestro sistema es el mejor y el único posible. Que consideremos que los derechos y deberes (como la igualdad) sean inherentes a la persona es porque lo dice el Derecho, que es quien controla el posicionamiento, movimiento y dirección (es por tanto determinista) de la sociedad.

    Y paro que hacen unos calores que no hay quien lo aguante… 😦

  7. Lainon, el calor aprieta bastante aunque ha habido veranos peores…
    Kant no dijo nada sobre el valor (dignidad) de una persona, principalmente, porque no podía comprender que las cosas tuvieran un valor objetivo (más bien objetivable), que pudiese ser conocido por todos.
    Ahora, sabemos que aquello que permite (justifica) defender a todo ser humano, bajo cualquier condición y circunstancia, es algo que no está en nuestra mano decidirlo.
    Aunque la dignidad sea algo que podríamos llamar subjetivo (de cada cuál), el sustrato fundente radica en su ser único e irrepetible.
    Kant, no tenía la misma idea de persona que nosotros tenemos hoy en día (la que tengo yo, al menos) porque para Kant, lo principal que diferencia a una persona de el resto de los seres vivos es su racionalidad. Y según se coloque el témino (referente) de la dignidad en un atributo parcial de cada persona, seguirá cayendo en el error, al referirse a algo añadido al mero hecho de ser persona.

    El problema de la fundamentación del derecho como marco de posicionamientos legales y morales es de vital importancia. Supongo que así lo verás tú también.

    Bueno, te dejo que ando también con calores y otras tareas de diversa índole…

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