El deber de la verdad. La tarea del conocimiento

Para quién estudien o trate de conocer algo el tema de la verdad es clave. Y por tanto, ha de ser afrontado de la manera adecuada y correcta. Al final, conocer es focalizar la verdad. Lo propio del conocimiento es objetivar la cosa por conocer.

            Asistimos hoy en día hay intensísimos debates y agresivas declaraciones en las que el valor de la verdad es tomado por una parte dentro de un todo.

 

            Hagamos un análisis de los diferentes grados de lo “verdadero”:

 

·        La verdad natural: No es propiamente toda la verdad sino un tipo de verdad que radica en la cosa. Es lo que en filosofía se llama verdad ontológica. Es lo que las cosas dicen de sí mismas que son. El valor de este tipo de verdad aparece manifiestamente en la verdad científica. Si su recorrido es el criterio de verificabilidad popperiano, el final y el contenido de una expresión científica ha de ser la verdad ontológica. Habrá quién me afirme que en ciencia la verdad es histórica, que en cierto sentido depende de los años que tarde en contrastarse y en ser aceptada. Pero eso es de otra época. Hoy día, según salta a la luz una nueva hipótesis para la ciencia, es escaso el tiempo que se tarda en hilvanar la primera aproximación hacia su verificabilidad. Solo basta con compararla con todo el llamado “corpus scientíficus”.

·        La verdad moral: Si antes hemos dicho que la verdad natural es la verdad sobre lo real, hemos de decir que la verdad moral también entra dentro de la verdad natural. Lo que sucede es que para esclarecer el fundamento sobre lo bueno y lo malo, a simple vista no cabe “ponerse a estudiar” como diríamos que requiere el saber llamado científico. Todo hombre en cuanto que hombre puede con el recto uso de su raciocinio y de su propia experiencia conocer la verdad moral. Lo que no asegura que todo lo conocido sea verdadero.

En ciencia se parte de la hipótesis de que algo es verdadero cuando no solo confirma su propia inherencia procedimental, sino que además es capaz de generar otras hipótesis y de corroborar las anteriores verdades. Se tacha de falsa aquella hipótesis que contradice o emborrona algún legado anterior.

Así funciona también la verdad moral. De tal manera que aquello que es malo, y por tanto condenable, o si se prefiere, perdonable, será solo bueno objetivamente cuando de ella se deduzcan otras verdades morales nuevas y además se corroboren las anteriores.

Las clásicas acepciones del bien o del mal, se fundan en el deber de la verdad, en lo que la tarea del saber y del crecer se gasta en trabajar y en dilucidar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s