PESIMISMO, EN LO SOCIAL Y EN LO CONCRETO.

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Entiendo que la vida no es fácil, los problemas diarios no se solucionan aplicando algunas medidas por aquí, cambiando unas cositas por allá. En efecto, para pasar por la vida sin pena ni agobio es necesario saber que es imposible no pasar algo de pena o agobiarse algo.

Analizando un poco algunos de las patologías que hoy día asolan nuestra sociedad me he encontrado con una funcional, una enfermedad social que asola a todos los ciudadanos que habitan en las grandes polis actuales: el pesimismo.

Una enfermedad del alma o de la mente, y la conducta, para aquellos que nieguen la trascendencia del hombre.

Precisamente, por aquellos que niegan la posibilidad de alcanzar cotas humanas más altas, para aquellos que pretenden suplantar la naturaleza humana por la técnica humana, a ellos va dirigido este artículo.

Desde que el hombre ilustrado se reveló a la tiranía y desde que el filósofo propusiera la muerte de Dios hay en la existencia humana una enfermedad, un cáncer que se propaga y hace estragos allí donde el hombre pone su estirpe.

El mismo filósofo lo expresó en la siguiente frase: “si Dios ha muerto ya no cabe preguntarse sobre el bien o la verdad, lo que ahora cobra protagonismo es con qué mentiras puedo vivir mejor.”

Luego llegó Sartre que en un intento de volver al romanticismo puro decretó que el hombre es un ser para la muerte.

El hombre esclavo de sí mismo se revela contra lo que en sí mismo es. La técnica y el progreso científico exclusivo, centrado en el propio progreso se independiza de sí mismo y destierra al origen.

El pesimismo social es una manera de interpretar la realidad.  Cuando el hombre llega a la convicción de que vivir y estar en este mundo es lo peor que te ha podido pasar, es que ha llegado al fin del camino del pesimista. Es el momento de cambiar.

El optimismo todo lo puede. El optimismo todo lo comprende. El optimismo todo lo espera. El optimismo es realista. El optimismo cambia. El optimismo es capaz. El optimismo repara en las posibilidades y acierta. El optimismo es libre. El optimismo deja y ama. El optimismo es para el hombre y el hombre sin optimismo no sobrevive. 

Es posible que el excesivo tratamiento teórico del tema me lleve nuevamente a obviar ciertas realidades sociales que se escapan de la argumentación. Me refiero a esas madres desesperadas que se afanan en trabajar a destajo por un mísero sueldo. A ellas les digo: “sed optimistas” Solo una cosa es necesaria. Y ella es gracias a que se puede. Y esto es optimismo.

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